Pedro IV de Aragón
Pedro IV de Aragón, llamado el Ceremonioso, reinó entre 1336 y 1387. Su gobierno combinó la ampliación del dominio mediterráneo, graves conflictos con la nobleza y una guerra prolongada con Castilla. La organización de la casa real y la conservación de la memoria de la monarquía fueron también rasgos de su reinado.[1]
La disputa por Mallorca
Pedro se enfrentó a Jaime III de Mallorca y emprendió la incorporación de sus dominios. La campaña de 1343 permitió controlar la isla y fue seguida por la ocupación del Rosellón. Jaime III murió en la batalla de Llucmajor en 1349. Estas luchas muestran que los vínculos dinásticos no impedían los enfrentamientos entre ramas de una misma familia.[2]
Las Uniones y la autoridad real
En 1347 estalló la oposición de las Uniones de Aragón y Valencia, alianzas de nobles y otros grupos que trataban de limitar la actuación del soberano. Las tensiones sucesorias, entre ellas el proyecto de dar la herencia a su hija Constanza, formaron parte del conflicto.[1][2]
Pedro derrotó a sus adversarios aragoneses en Épila en 1348 y se impuso también en Valencia. El desenlace fortaleció su autoridad, pero no eliminó la necesidad de relacionarse con las instituciones de los distintos territorios.[1]
La guerra de los Dos Pedros
Entre 1356 y 1369 combatió contra Pedro I de Castilla. La guerra afectó especialmente al sur de Aragón e impuso una fuerte carga fiscal. La financiación del conflicto favoreció el desarrollo de mecanismos de representación y administración: DARA sitúa en 1357 la primera Diputación General aragonesa.[1]
En el Mediterráneo persistieron enfrentamientos por Cerdeña y con Génova. La amplitud de estos escenarios explica las exigencias militares y económicas que acompañaron a la monarquía durante décadas.[2]
Ceremonial y memoria
El sobrenombre del rey remite a su atención por las formas de la corte. El ceremonial no era una mera decoración: ordenaba la representación de la autoridad. Pedro murió el 5 de enero de 1387 y fue enterrado en Poblet. La numeración Pere III empleada por algunas obras catalanas corresponde a la misma persona.[1][2]